Lo que me enseñaste en este viaje

Estuvimos de vacaciones hasta hace unos días en el extranjero con el peque, y la pasamos delicioso, vivimos lindas cosas juntos y en familia que quedarán por cierto más grabados en mi corazón y espero en su sub-consciente de mi peque,  porque es muy chiquito para poderse acordar más adelante.

Este viaje, y el desconectarme de nuestra rutina normal en casa, me ha servido para valorar y apreciar muchas cosas que, por el día a día, hace que pasen usualmente desapercibidas:

  • Siento que mi peque ha crecido infinitamente en estas dos semanas. No lo digo porque haya ganado algunos milímetros de altura, sino porque lo siento más niño, más él, más consciente de su ser. Me encanta como descubre cosas nuevas cada día, y que le parezcan maravillosas. Una simple piedrita, para él es algo infinitamente divertido, colorido, lleno de textura, sonidos. Algo que hemos perdido los adultos, es apreciar la simpleza de las cosas y de su belleza.

Algo que hemos perdido los adultos, es apreciar la simpleza de las cosas y de su belleza.

  • Llegaron las maravillosas “rabietas”. Algo nuevo estimulado también por el entorno extraño, pero muy enriquecedor para él y para mí como mamá. Me alegra acompañarlo en esta etapa en que está iniciando su autoconocimiento, porque también yo estoy sintiendo que me estoy conociendo a mí misma. Aprendo de él y con él; y estoy perdiendo el temor a equivocarme. Y es que simplemente no hay una mejor o peor manera de ser padre, sino que la vida te va mostrando naturalmente el camino, a través de tu propio instinto.

Aprendo de él y con él; y estoy perdiendo el temor a equivocarme.

  • Aprendí a hacer oídos sordos a muchas cosas. Doy de lactar a un “niño” de más de 2 años y estoy orgullosa por ello. Sin embargo, en algún momento me sentí avergonzada ante los ojos de los demás. Y es que en donde estuve, hasta me mencionaron lo “no adecuado” que podía verse, sin embargo, nunca recibí más que comentarios positivos (“hubiera querido darle más a mi hija”, “mi nieta hasta ahora toma y es sanita”). Comprendí el valor del abrazo y su efecto calmante y como elemento de seguridad y de amor. Y es que realmente tengo que aprovechar que mi niño me los pida porque algún día crecerá y yo más bien se los pediré a él. Y entendí que el lloro de un niño de 2 años no “se ve horrible”, sino que debe ser más bien terrible siendo tan pequeñito no entender el mundo en el que estás y que recién estás descubriendo, ni saber cómo manejar los sentimientos que muchas veces vives por primera vez.

Lo más importante para mi: aprendí a vivir y disfrutar plenamente cada minuto del presente; que si bien sienta las bases para el futuro, nada podrá hacer regresar ni siquiera un segundo del pasado.

Nota: la foto es real de mi enano “descubriendo las piedritas” 🙂

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